Una de las primeras preguntas que aparecen al empezar a preparar un viaje a África es también una de las más razonables: ¿cuánto cuesta hacer un buen safari?
La respuesta rápida sería que depende. La respuesta útil exige explicar de qué depende.
Porque dos safaris de ocho o diez días por Tanzania o Kenia pueden recorrer lugares similares y tener precios muy diferentes. La temporada, la ubicación de los alojamientos, viajar en privado o compartir vehículo, los vuelos internos, las tasas de los parques, el número de viajeros o simplemente la forma de organizar las distancias pueden modificar considerablemente el presupuesto.
Pero también pueden modificar algo mucho más importante: la experiencia del viaje.
Por eso, antes de comparar dos precios, conviene saber qué estamos comparando. Un safari no es únicamente una suma de noches de alojamiento y jornadas viendo animales. Es una combinación bastante precisa de destino, tiempo, logística, naturaleza, guía, ubicación y forma de viajar.
Entenderlo ayuda también a responder mucho mejor a la pregunta inicial.
Entonces, ¿cuánto cuesta un safari en África?
Aunque no existe una tarifa universal, sí podemos establecer algunas referencias.
Para un viaje desde España de aproximadamente 8 a 10 días, incluyendo vuelos internacionales, un safari privado bien organizado por destinos como Kenia o Tanzania puede partir aproximadamente de los 4.000-5.000 euros por persona.
A partir de ahí, el presupuesto puede crecer en función de la temporada, el destino, los alojamientos y el nivel de exclusividad.
Como orientación, podríamos hablar de tres grandes niveles:
En torno a 4.000-5.000 € por persona podemos diseñar, en determinados destinos y épocas del año, un muy buen safari utilizando alojamientos seleccionados, buenos guías y vehículos adecuados, buscando especialmente el equilibrio entre experiencia y presupuesto.
Entre 5.000 y 7.000 € por persona aparecen más posibilidades para elegir campamentos especialmente bien situados, alojamientos de categoría superior, mayor privacidad o introducir vuelos internos allí donde realmente mejoran el itinerario.
A partir de 7.000 € por persona, las posibilidades aumentan considerablemente: pequeños campamentos en ubicaciones excepcionales, concesiones privadas, alojamientos de alta gama, vuelos en avioneta y experiencias más exclusivas.
Son únicamente referencias. Un safari por Botswana puede partir de cifras sensiblemente superiores y determinados viajes de alta gama pueden superar ampliamente estos presupuestos.
Y precisamente por eso un safari de 7.000 euros no tiene por qué ser mejor que uno de 5.000. Puede ser más exclusivo, tener alojamientos más sofisticados o una logística más costosa, pero el valor de un viaje depende también de cómo se haya diseñado.
El destino es uno de los grandes factores del precio
Hablar de «un safari en África» es simplificar enormemente un continente que ofrece formas muy diferentes de viajar.
Kenia y Tanzania representan para muchos viajeros la imagen del gran safari africano. Masái Mara, Serengeti, Ngorongoro, Amboseli o Tarangire permiten construir itinerarios extraordinarios y cuentan con una oferta suficientemente amplia de alojamientos como para trabajar con diferentes niveles de presupuesto.
Sudáfrica ofrece otra fórmula. Además de sus parques y reservas privadas, permite integrar fácilmente el safari dentro de un viaje más amplio que incluya Ciudad del Cabo, la región vinícola, la costa u otras zonas del país.
Namibia es diferente a ambas. Aquí la fauna comparte protagonismo con algunos de los grandes paisajes africanos: Etosha, Sossusvlei, Damaraland, el Namib o la costa atlántica. También permite distintas maneras de viajar, desde recorridos terrestres hasta propuestas de alta gama utilizando avionetas.
Botswana juega en otra liga en términos de precio. Su modelo turístico, basado en muchas zonas en campamentos pequeños, baja densidad de visitantes y espacios naturales remotos, unido al frecuente uso de avionetas, hace que un safari por el delta del Okavango tenga normalmente un coste superior.
Zambia y Zimbabwe ofrecen también magníficas posibilidades para viajeros que buscan espacios naturales extraordinarios, campamentos con mucha personalidad y actividades como safaris a pie o en barco.
La primera decisión, por tanto, no debería ser elegir el safari más barato, sino encontrar el destino que mejor encaja con el viajero y con el presupuesto disponible.
La época del año puede cambiar considerablemente el presupuesto
África no tiene una única temporada alta.
En Tanzania y Kenia, algunos de los momentos más buscados de la Gran Migración generan una enorme demanda. En Botswana, determinados meses coinciden con excelentes condiciones en el delta del Okavango. Agosto, Navidad o Semana Santa pueden incrementar también los precios en numerosos destinos.
Pero temporada baja no significa necesariamente mala temporada.
Hay meses con menos viajeros, paisajes verdes, excelentes posibilidades de observación de fauna y tarifas considerablemente más interesantes. Incluso existen temporadas que un viajero experimentado puede preferir precisamente por ofrecer una experiencia diferente.
Aquí el conocimiento del destino resulta especialmente valioso. Elegir bien cuándo viajar puede permitir gastar mejor, no simplemente gastar menos.
En un safari, la ubicación del alojamiento puede importar más que sus estrellas
Este es uno de los aspectos que más cuesta valorar cuando se prepara el primer safari.
En África, un alojamiento espectacular no es necesariamente la mejor elección si obliga cada mañana a realizar largos desplazamientos para llegar hasta las zonas interesantes.
Por el contrario, un campamento aparentemente más sencillo situado en un lugar excepcional puede permitir comenzar el safari prácticamente al salir de la habitación, aprovechar las mejores horas del día y reducir enormemente los desplazamientos.
Por eso no basta con comparar fotografías, estrellas o categorías.
Hay que saber dónde está exactamente el alojamiento, qué ocurre a su alrededor, qué acceso tiene a la reserva, qué actividades permite y cómo encaja dentro del recorrido completo.
En determinadas reservas privadas y concesiones, además, pueden realizarse actividades que no siempre son posibles en los parques nacionales, como recorridos nocturnos, salidas fuera de pista en determinadas circunstancias o safaris a pie.
Y todo ello repercute en el precio.
Safari privado o compartido: una diferencia que conviene conocer
El vehículo y el guía constituyen una parte esencial de un safari.
En un viaje privado, el vehículo está dedicado exclusivamente a los viajeros de la reserva. Esto permite adaptar los horarios, decidir cuánto tiempo permanecer ante una escena y ajustar determinados aspectos de la jornada a los intereses de quienes viajan.
Si aparecen unos leones cazando, una familia de elefantes junto a una laguna o simplemente queremos dedicar más tiempo a fotografiar una determinada especie, disponer de vehículo privado proporciona una libertad difícil de valorar hasta que se experimenta.
Para parejas, familias y pequeños grupos puede marcar una diferencia importante.
Eso no significa que compartir vehículo sea una mala opción. Muchos excelentes campamentos organizan sus safaris utilizando vehículos propios compartidos por un pequeño número de huéspedes.
Lo importante, nuevamente, es saber qué estamos contratando antes de comparar precios.
Viajar cuatro personas puede resultar proporcionalmente más económico que viajar dos
El número de viajeros también influye.
Vehículo, guía y determinados traslados son costes que pueden distribuirse entre los integrantes del viaje. Una familia de cuatro personas o un pequeño grupo de amigos puede conseguir, por tanto, un coste por persona sensiblemente inferior al de una pareja realizando exactamente el mismo recorrido.
Otros conceptos —alojamientos, vuelos, entradas o tasas de conservación— seguirán teniendo un coste individual.
Es una de las razones por las que resulta difícil publicar un único precio para un safari sin conocer primero cuántas personas viajan y cómo quieren hacerlo.
Las tasas de los parques tienen más peso del que parece
Una parte importante del precio de un safari no corresponde al alojamiento.
Parques nacionales, reservas y áreas de conservación aplican tasas de acceso que pueden representar cantidades relevantes cuando se acumulan varias jornadas y diferentes espacios protegidos.
En algunos destinos existen además tasas asociadas a concesiones o áreas concretas.
Son costes que forman parte del acceso y mantenimiento de algunos de los ecosistemas naturales más importantes del planeta y que explican por qué comparar únicamente el precio de los hoteles proporciona una imagen muy incompleta del coste real de un safari.
Avioneta o carretera: también estamos comprando tiempo
Las distancias africanas pueden resultar engañosas.
Un trayecto aparentemente sencillo sobre un mapa puede significar seis, siete u ocho horas por carretera. A veces ese recorrido forma parte de la experiencia; otras veces aporta muy poco.
Ahí aparecen los vuelos internos.
En Botswana forman prácticamente parte de la estructura habitual de muchos itinerarios. En Tanzania, Kenia o Namibia pueden utilizarse estratégicamente para conectar determinadas zonas y evitar desplazamientos excesivos.
Una avioneta incrementará el precio del viaje, pero puede convertir un día dedicado casi exclusivamente a desplazarse en una mañana de safari en un lugar y una tarde en otro.
La cuestión no es utilizar vuelos siempre que sea posible. Es decidir dónde merece la pena pagar por recuperar tiempo.
¿Y si queremos terminar el safari en la playa?
Es una de nuestras combinaciones favoritas y también una de las más solicitadas.
Tanzania y Zanzíbar forman una combinación natural, pero existen muchas más posibilidades: Kenia y su costa, Tanzania con Seychelles, Sudáfrica con Mauricio o Mozambique, entre otras.
Aquí vuelve a ser importante hablar de presupuesto desde el principio.
Añadir playa implica vuelos, traslados y nuevas noches de alojamiento. Y terminar un safari con cuatro noches en Zanzíbar no tiene el mismo impacto económico que hacerlo en Seychelles o en determinados resorts de Mauricio.
Cuando diseñamos un viaje de este tipo, conviene decidir qué parte de la experiencia es prioritaria y distribuir el presupuesto en consecuencia.
¿Dónde merece realmente la pena gastar más?
Esta es probablemente una pregunta más interesante que simplemente preguntarse cómo hacer el safari más barato.
Y la respuesta es: no necesariamente en todo.
Puede merecer más la pena invertir en tres noches en un campamento extraordinariamente ubicado en Serengeti que aumentar la categoría de todos los alojamientos del viaje.
En otro itinerario, el dinero estará mejor empleado en un vuelo interno que evite una jornada agotadora por carretera.
En otro, puede ser el vehículo privado.
O una reserva privada.
O simplemente permanecer una noche más en un lugar en vez de intentar conocer otro parque.
Diseñar bien un safari consiste también en saber dónde poner el presupuesto.
¿Se puede hacer un buen safari gastando menos?
Por supuesto.
Elegir determinadas épocas del año, compartir algunos servicios, seleccionar alojamientos más sencillos pero bien ubicados, concentrar geográficamente el recorrido o evitar desplazamientos innecesarios puede reducir sensiblemente el precio sin deteriorar la experiencia.
Lo importante es identificar qué estamos sacrificando.
Lo que difícilmente funciona es pretender mantener la misma temporada, los mismos alojamientos, el mismo vehículo, los mismos parques y los mismos servicios reduciendo drásticamente el presupuesto.
La diferencia aparecerá en algún lugar.
Por eso, cuando conocemos desde el principio cuánto quiere invertir aproximadamente el viajero, podemos trabajar mucho mejor.
Entonces, ¿qué presupuesto debería tener para mi primer safari?
Para un viajero que sale desde España y busca un buen safari de aproximadamente 8-10 días, una referencia inicial de 4.000-5.000 euros por persona permite empezar a plantear opciones interesantes en destinos como Kenia o Tanzania, dependiendo de las fechas y del número de viajeros.
Con presupuestos de 5.000-7.000 euros por persona, las posibilidades de selección de alojamientos, ubicaciones, privacidad y logística aumentan considerablemente.
Y para determinados destinos, temporadas y experiencias de alta gama, habrá que pensar en presupuestos superiores.
Pero después de muchos años viajando por África, probablemente reformularíamos la pregunta inicial.
En lugar de:
¿Cuánto cuesta hacer un safari en África?
preferimos preguntar:
¿Cuál es el mejor safari que podemos diseñar con el presupuesto disponible?
Porque esa pregunta nos permite decidir qué destino elegir, cuándo viajar, dónde merece la pena alojarse, cuándo utilizar un vuelo, cuánto tiempo dedicar a cada lugar y dónde invertir más.
El precio importa. Cómo se utiliza el presupuesto, todavía más
Un safari es uno de esos viajes en los que una buena planificación se nota especialmente.
Las distancias son enormes, las temporadas importan, la ubicación de los alojamientos condiciona las jornadas y una decisión aparentemente pequeña puede cambiar mucho la experiencia.
Por eso un buen safari no consiste en acumular parques, hoteles de cinco estrellas o kilómetros.
Consiste en encontrar el equilibrio adecuado entre naturaleza, tiempo, comodidad, privacidad y presupuesto.
En Kimara Travel diseñamos cada safari de manera individual, partiendo de las personas que van a realizarlo, sus fechas, el tiempo disponible, sus intereses y el presupuesto que quieren destinar al viaje.
Porque conocer cuánto cuesta realmente un safari es importante. Saber dónde merece la pena invertir cada euro es lo que puede convertirlo en un gran viaje.